Camila
Me levanté caminando hasta el escritorio y sentarme en la orilla frente a él.
—Solía trabajar y no pasar haciendo nada en casa, de eso hablaba. Salir a hacer compras cuando se me diera la gana o a dar un paseo para despejar mi mente. No soy una mujer acostumbrada al encierro y lo sabes.
—Puedes salir cuando quieras, no eres mi prisionera —hizo una pausa —bueno, no del todo.
—¿Hablas en serio? —pregunté con el entusiasmo en mi voz
—Si, siempre y cuando salgas con la debida seguridad.