Camila
—Estas demente —lo empujé soltándome de su agarre, sólo sonrió destellando la burla en sus ojos. Me volvió a tomar de la cintura para besarme ejerciendo fuerza en sus labios, sus dientes mordiéndome agresivamente y sus manos tocando mi cuerpo.
—Si, al igual que tú —susurró consumiéndome en su intensa mirada, algo en mi se prendía cada que me miraba de aquella forma, con la lujuria y el deseo desatándose en un fuego exquisito y en el que disfrutaba arder.
Pegué mis labios sobre los suyos