En casa de Lucrecia…
— Hijo llegaron, sean bienvenidos, hola, Vicky, preciosa. — la joven tímidamente le hizo una reverencia al escuchar el saludo— Dame un abrazo cariño, no seas tímida conmigo. — abrazo a su hijo y a Vicky. Lucrecia notó las marcas de dedos en el cuello de la joven, ahora entendía el malestar de Andrés, rogaba que su hijo no fuera el responsable de ese maltrato.
— ¡Estamos aquí, madre!, ¿cuál es la urgencia?
— Ya comieron. Han de venir cansados, tranquilo mi amor, todo a su