Una verdadera madre...
Apenas salieron de la biblioteca, René condujo a Alice por el pasillo hasta su habitación. Alice caminaba con paso rápido, respirando con dificultad, con la mano todavía presionando la mejilla que ardía por la bofetada.
En cuanto la puerta se cerró, su ira estalló.
—¡Nunca voy a perdonarle esto! —gritó, sentándose en la cama—. ¡Nunca!
René se acercó con intenciones de abrazarla. Verla de aquel modo le dolía.
—Alice…
—¡Me abofeteó! —continuó ella, furiosa apartándose de ella—. ¡Mi propio p