El coche se detuvo frente al edificio. Charles bajó de su auto, subió la escalinata de dos en dos. El vigilante abrió la puerta con amabilidad, pero él no volteó a verlo.
Atravesó el vestíbulo como si el lugar le perteneciera y se dirigió hacia la recepción.
—¿El señor Thomas Miller? —preguntó con voz firme.
—Aún no ha llegado, señor —respondió la recepcionista—. Debe estar por…
Charles le dio la espalda y se dirigió hasta el elevador. Cruzó el pasillo y caminó en dirección hacia la ofi