Los días de paz parecían interminables, y Maximiliano y Marisa estaban disfrutando de la tranquilidad con que avanzaban de la mano paso a paso.
—No puedo creer que mi primera cita contigo sea con Mía yendo con nosotros —farfulló Maximiliano, viendo llegar a su novia hasta él con Mía de la mano—. ¿Así cómo podría llevarte a un hotel?
Marisa se rio sobre ese comentario, tanto que Mía también se rio y, en acto reflejo, Maximiliano lo hizo también.
—Deja de hacerme propuestas indecorosas —pidió la