CAPÍTULO 46

Marisa lo pensó un poco. No es que esa fuera la sala más concurrida, de hecho, servía más tiempo como comedor de empleados que de otra cosa y, por su gran tamaño, casi parecía un desperdicio. De hecho, en un par de ocasiones, ella había pensado en transformar ese espacio, pero nunca encontró nada bueno para hacer en ese lugar.

—No sé qué tan buena idea sea un restaurante en la entrada de la torre —declaró Marisa, que no se negaba aún, pero sopesaba las implicaciones.

—Es comida saludable —señal
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