El “buenos días” de la castaña fue un saludo para su suegra, que la veía divertida por haberlos escuchado reírse; y también fue para las otras dos tías de Mía, de las cuales una le miraba fingiendo diversión y la otra torcía los ojos sin responder al saludo.
—¿De qué hablaban? —preguntó Maximina, llegando hasta su hijo, para saludarlo—. Se veían divertidos.
—Marisita estaba hablando de todas las enfermedades gastrointestinales que le causaba imaginarse que Maximiliano le engañaba con Olga —expl