—Nueva inquilina —informó la señora Lidia, y Marisa asintió, entornando los ojos—, lo único malo es que es muy especial con la comida.
—Eso no es lo único malo —declaró Marisa, terminando por fruncir los labios y abrir mucho los ojos mientras alzaba a Mía del portabebés—; también es malo que me trae entre ceja y ceja, ya hasta intentó sacarme de la casa.
—¿Cómo crees? —cuestionó Lidia, luego de reflejar su asombro en un sonido de aire sorbido con la boca abierta.
—Y lo peor es que quizá lo logr