—¡Oh, no…! ¡Simon, da la vuelta al coche!
—¿Qué…? —Simon giró la cabeza para mirar a Sara con sorpresa desde donde estaba sentado al volante de su coche el sábado por la noche, mientras los llevaba a la fiesta.
Ella se aferró a la manga de su chaqueta negra de vestir. —¡Da la vuelta al coche ahora mismo y sácanos de aquí! —repitió con vehemencia mientras soltaba su brazo para mirar horrorizada la casa iluminada al final del corto camino de grava.
Ya había un coche delante de ellos, y otro acaba