Por la mañana la puerta de la oficina de Jayden fue abierta con brusquedad. El abuelo Kattán estaba de pie en la entrada, su rostro estaba más demacrado, incluso podía apostar que había envejecido unos diez años más.
—¡Abuelo!…¿a que se debe tu visita tan temprano?,¿sucedió algo malo?— pregunto con preocupación.
Se puso de pie para acompañar a Aitor hasta un asiento, pero el anciano se negó a sentarse,— ¿Dime donde la están escondiendo?—.
Jayden sonrió con nerviosismo,—¿De que hablas presidente