Capítulo 94
Helena
Santiago y yo pasamos una buena madrugada de bodas, amándonos como le corresponde a una pareja de recién casados, era como sí para nosotros nuestra vida hubiera comenzado ayer con la boda a la iglesia. Me desperté y no encontré a mi esposo a mi lado y cuando levanté la mirada, me percaté que él ya estaba preparado para salir al aeropuerto.
–Hola, señora Treviño, usted luce muy guapa, aún recién levantada. Nos iremos en breve al aeropuerto, pero tiene tiempo de darse un baño.