La primera en saludarme es la abuela quien amablemente me ofrece la mano. Es una señora muy hermosa, me recuerda a la mía y le doy un apretón antes del beso en la mejilla.
—Querida, había querido conocerte hace mucho tiempo—me repara —pero mi hijo se quedó corto en decir que eres hermosa.
Miro a Máx. porque ya varias personas me han dicho lo mismo.
—Gracias señora, la verdad es que Máx. también me ha hablado mucho de usted, ya que es su vida
—Querida no exageres—se ríe —pero ven pasa a la