—Estas muy hermosa Rachel—se me incendia las mejillas con la pena repentina que me invade, sus ojos me escrutan de pies a cabeza y por el contrario a otros hombres no me desagrada que me mire así, con él se siente muy diferente y hasta me gusta—siéntate por favor.
Me corre la silla amablemente y tomo asiento frente a el. Me siento muy nerviosa, pero trato de comportarme como una persona normal. Soy una mujer de 22 años, responsable y con un hijo, asi que las niñerías no tienen cabida.
Sin emba