22 EL INICIO DE UNA OBSESIÓN
—¿Te sientes bien?—insistió él acercándose un poco más, aún sin violar el espacio personal de la muchacha. —¿Alguien te agredió? ¿te estuvieron molestando? —insistió y Serem terminó por limpiarse las lágrimas y lo miró como si de un príncipe encantado de tratara.
Allí a unos pasos con las manos en los bolsillos aquel muchacho con un rostro de rasgos casi angelicales y ojos claros era lo más hermoso que había visto en un hombre.
Él también inspeccionó disimuladamen