—¡Carajo!— exclamó y buscó rápidamente su móvil en el bolsillo de su pantalón. Al tenerlo en su mano, llama a Aquiles, el cual contesta de inmediato porque de igual forma estaba cerca y escuchó los gritos de Julieta
—señor
—¡Alquiles quiero que me traigas ya mismo al doctor Lorenzo!— ordena con firmeza
—¿Le sucede algo, jefe?
—¡Haz lo que te digo!— cuelga la llamada, para fijarse en Julieta —¡Respira, te va a dar algo!— se acerca y la carga entre sus brazos
—ayuda...— súplica en tono de voz d