Nos marchamos del despacho de Giuliano Mario y yo, entre en mi dormitorio para recoger mis cosas viendo a Mario como se pasaba las manos por su pelo, ya que no comprendía cómo había sido capaz Giuliano de creer antes a una mujer que siempre le ha mentido que a su propia esposa. Cuando ya tenía mi equipaje preparado, Mario lo cogió y cogiendo mi mano nos marchamos de lo que fue mi dormitorio hacia la entrada de la casa donde me esperaba Gina llorando, nos abrazamos las dos prometiéndome ella, qu