Cuatro días habían pasado desde que deje Milan huyendo de Adrianna y de mi marido, viviendo con mis padres en su casa en la ciudad de Palermo, cuando estaba ayudando a mi madre a hacer la comida y tocaron al timbre de la casa, fui a abrir la puerta sin preguntar quedando inmovil cuando vi a Giuliano al otro lado de la puerta mirándome muy serio teniendo su mano apoyada en el marco de la puerta.
— Giuulano — pude decir temerosa
— La limusina nos espera, nos vamos a casa — me dijo cogiendo mi bra