Lauren llevaba exactamente doce minutos diciendo que no había de qué preocuparse… y los últimos diez contradiciéndose a sí misma.
—No es para tanto —murmuró, apretando la mano de Mark con una fuerza que le estaba cortando la circulación—… creo… —hizo una pausa, respiró hondo—. ¡NO, SÍ ES PARA TANTO!
Mark no sabía si reír o llamar a alguien, porque en menos de un minuto Lauren había pasado de ser una mujer tranquila a ser una completamente indignada con el universo.
—Respira —intentó