CAPÍTULO 139. La mano derecha del diablo
Las diez horas siguientes fueron peores que la primera. Ningún teléfono sonaba y ningún mensaje llegaba; y Mark sentía que el mundo seguía girando con absoluta indiferencia mientras Lauren estaba en algún lugar frío, grande, esperando.
Y en cierto punto comenzó a pensar seriamente en mover el dinero, pero por suerte tenía un muro de contención en Dax y en Hendrix que no lo dejarían hacer ninguna estupidez.
—No te precipites —le advirtió Hendrix desde el otro lado de la sala ejecutiva, con los b