CAPÍTULO 106. El gallo de los huevos de oro.
En la oficina de Mark había un silencio extraño, de esos que no tienen nada que ver con la concentración sino con el estrés mal disimulado; los informes financieros estaban abiertos sobre el escritorio, el ordenador encendido y perfectamente alineado con la silla, pero él no estaba trabajando realmente, sino mirando fijo hacia la ventana con los brazos cruzados, como si estuviera tratando de resolver un problema que no era precisamente contable.
Joel, sentado frente a él con una sonrisa que ya