23. Una explicación para el corazón
Es la segunda vez en su vida que alguien vuelve a mirarla con ojos de terror, de impresión. La mente no quiere dar suposiciones pero con estas coincidencias, de éstas magnitudes, se vuelve díficil no ponerse a pensar.
Esas palabras nuevamente dejan anonadada a María Teresa. Laura la toma del brazo para jalarla hacia atrás, disculpándose con la señora.
—Ve tú —le murmura María Teresa—. Anda, ve, yo me quedo aquí.
—De acuerdo, pero no tardes —responde Laura, tomando sus cosas y despidiéndose de