Santos
No sé cómo podré ver de nuevo a María Constanza, no pude trabajar, no pude concentrarme. Su mirada triste me taladraba la cabeza. Supongo que se encontrará en el apartamento, y se entregó al llanto por mi culpa. Bajé del auto, subí al ascensor, saqué las llaves del apartamento y al ingresar todo estaba oscuro.
«Se fue.» —Mi corazón experimentó un tsunami de emociones nunca vividas. Corrí a su habitación «que no se haya ido, por favor que no se haya ido», al encender la luz vi que todo es