La cena en la Mansión De la Vega fue un evento ruidoso esa noche.
Augusto, eufórico por su excursión a la empresa, presidía la mesa con una energía renovada. Rodrigo y Elisa comían en silencio, masticando su resentimiento junto con el asado, mientras los niños no paraban de hablar de la "tía Lucía".