CAPÍTULO 279
— Debimos irnos con los hombres —dijo Lucía en voz baja, casi para sí misma, rompiendo la quietud— Odio esta espera pasiva. Odio no estar allí buscando a Sofía.
— No habrías sido de ninguna ayuda, Lucía, y lo sabes —espetó Elisa, cruzando las piernas con un movimiento brusco— Los hombre