Eran las tres de la mañana, Vera había llamado a una niñera de confianza, pues había dejado la casa a verse con aquel misterioso hombre.
Estaba al tanto de que lo que hacia era un completa locura, pero realmente necesitaba saber que era lo que ese hombre quería, o sabía, y sobre todo, como había conseguido aquella información.
La dirección marcaba hacia un parque de diversiones abandonado, él le había indicado que lo esperara en uno de los bancos.
Los minutos pasaban y nadie llegaba, Vera pensó