El ambiente estaba cargado con la espesa bruma de los excesos de la noche anterior. Todos se movían como sombras: gimiendo, frotándose las sienes, con el rostro marcado por el dolor sordo de haber bebido demasiado. Murmullos bajos llenaban el aire mientras la gente se agrupaba en pequeños corrillos, compartiendo historias somnolientas y risas poco entusiastas.
Miriam estaba sentada en un rincón, felizmente desconectada, saboreando su chocolate como si fuera lo único que la mantenía cuerda.
—¿Qu