Dios... El dolor de cabeza es horrible, me duele todo, no, más bien, no existe lugar de mi cuerpo que no me duela.
Me despierto, pero no puedo abrir los ojos.
Lo último que puedo recordar es que rogaba a Dios morir para que estos desgraciados ya no me torturaran más, pero tal parece que eso no sucedió.
Sigo viva.
Seguirán las torturas.
Dios... ¿Por qué no acabaste conmigo de una buena vez?
Me intento mover, pero la voz de un hombre me detiene.
- Tranquila, no puedes... Si necesitas