Vicente cruzó la puerta apresurado, con el corazón martillándole el pecho y la cara aún ardiendo.
—Oye, eso fue rápido. —Iván lo recibió con un tono ligero, sin malicia, pero sin poder ocultar la sorpresa.
Antes de que Vicente pudiera siquiera formular una respuesta, Fumiko lo examinó de un vistazo y exclamó:
—¡Vienes hecho un tomate!
Vicente estiró la playera hacia abajo con un gesto tenso y se dejó caer en el sillón más cercano, hundiéndose en el asiento sin levantar la vista. No quería ver a