Al instante, una nítida marca roja apareció en el rostro de Clark. Las huellas de los cinco dedos destacaban claramente sobre su piel pálida.
Se llevó una mano a la mejilla golpeada y miró a Nyla con incredulidad. Entonces la furia estalló de inmediato en sus ojos.
—¡¿De verdad te atreviste a golpearme?! —Su voz resonó por el vacío pasillo del hospital, cargada de rabia y sorpresa.
Nyla lo miró sin el menor miedo. Su pecho subía y bajaba violentamente por la ira.
—¿Y por qué no iba a atrever