Capítulo 3
Nyla sintió que una oleada de náuseas la invadía. Se quitó rápidamente el collar del cuello y, sin dudarlo, lo arrojó al basurero del dormitorio. Los diamantes tintinearon contra el metal.

Inmediatamente después, se precipitó al baño de invitados y abrió la ducha. El agua ardiente le quemaba la piel, pero no le importó.

Tomó el gel de baño y comenzó a frotarse el cuello y el cuerpo desesperadamente. Necesitaba borrar todo rastro de Clark. Cada recuerdo de aquel contacto.

Su piel se enrojeció por lo brusco de sus movimientos, pero aun así se sentía sucia. La idea de ese collar en el cuello de otra mujer le revolvía el estómago.

Se lo imaginó balanceándose mientras aquella mujer se movía bajo Clark. La imagen le provocó arcadas.

De pronto, la puerta del baño se abrió. Clark estaba en el umbral, con los ojos fijos en Nyla a través del vidrio de la ducha. Su mirada recorrió su cabello mojado, bajó por sus hombros y siguió las gotas de agua que delineaban sus curvas.

La respiración de Clark se volvió pesada. Sus ojos ardieron de lujuria.

—Nyla, eres tan hermosa —dijo, con la voz cargada de deseo.

Nyla oyó su voz y se envolvió de inmediato en una toalla. Salió de la ducha, pero la idea de que él hubiera mirado a esa otra mujer de la misma forma la llenó de repulsión.

—No te me acerques. —Nyla dio varios pasos atrás, pero Clark ya avanzaba hacia ella.

—Cariño, ¿qué pasa? —Intentó tocarle la mejilla, pero Nyla esquivó su mano con rapidez.

Clark no se rindió. En cambio, la atrajo hacia sus brazos. Sus manos comenzaron a recorrer su cuerpo, acariciando su espalda a través de la toalla, y luego descendieron.

—Nyla, te deseo —susurró en su oído. Su aliento ardió contra su piel.

El cuerpo de Nyla se puso rígido. Intentó apartarse, pero Clark era mucho más fuerte. Una de sus manos subió hasta su pecho, en donde su pulgar se dedicó a acariciar la piel sensible, mientras la otra descendía hacia el interior de su muslo.

—Tengamos un hijo, ¿sí? —su voz estaba llena de anhelo—. Podríamos tener un niño hermoso. Una niña con tus ojos.

Nyla sintió como si agua helada recorriera sus venas. Pensó en la foto que aquella mujer le había enviado. Esas mismas manos que ahora la tocaban habían estado sobre otro cuerpo hacía apenas unas horas.

La ira y el asco estallaron dentro de su pecho.

—¡Aléjate de mí! —Nyla empujó a Clark con todas sus fuerzas—. ¡Clark, estoy cansada! ¡No quiero hacer esto ahora!

Clark retrocedió, sorprendido por su repentina furia. Se quedó mirando su rostro, con la confusión impresa en sus facciones.

—Cariño, lo siento —su voz se llenó inmediatamente de culpa—. No debí presionarte. Es solo que te deseo tanto. Te amo muchísimo.

Se detuvo, observando su rostro.

—Si no quieres un hijo ahora, podemos esperar.

Al ver la expresión arrepentida de Clark, sintió una mezcla de emociones agitándose en su interior. Ese hombre había sido amable y atento con ella durante tres años. No podía conciliar esa versión con la del hombre que había estado con otra mujer la noche anterior.

Pero los hechos eran innegables. Las fotos. Los mensajes. El collar en el basurero.

Esa noche, Nyla permaneció despierta mirando el techo. La respiración de Clark era regular a su lado. Las imágenes dolorosas se repetían una y otra vez en su mente. No se durmió hasta el amanecer.

***

A la mañana siguiente, Nyla se levantó con ojeras enmarcando sus ojos. Su reflejo en el espejo lucía vacío y agotado.

—Cariño, ¿te sientes bien? —preguntó Clark con preocupación—. Te ves exhausta. Quizá deberías descansar hoy.

Nyla negó con la cabeza.

—No te preocupes. Tenemos que prepararnos para la fiesta de cumpleaños de tu abuelo.

Mientras atravesaban las rejas de la mansión de la familia Summer, un Rolls-Royce negro pasó rugiendo a su lado. Se detuvo justo frente a la entrada principal. La matrícula decía: «DAMON-1».

Las manos de Clark se tensaron sobre el volante. Su rostro se ensombreció al instante.

—El tío Damon —murmuró por lo bajo.

Damon Summer era el tío de Clark, el hijo menor de Richard. A pesar de ser solo seis años mayor que él, Damon siempre había intimidado a su sobrino.

Se había negado a unirse al negocio familiar y, en su lugar, había fundado su propia empresa, que ahora valía cinco veces más que el Grupo Summer.

Damon era conocido por ser brillante, implacable y vengativo. El año pasado, había escuchado a Clark hacer comentarios despectivos sobre él en una cena de negocios.

Como castigo, Damon rechazó una posible alianza que habría generado cientos de millones en ingresos para el Grupo Summer.

Clark estacionó detrás del Rolls-Royce. Sin embargo, cuando Nyla bajó del coche, su tacón se enganchó en la grava del camino. Perdió el equilibrio y estuvo a punto de caer hacia atrás.

Pero, de repente, unas manos fuertes sujetaron su cintura, estabilizándola contra un pecho firme.

Nyla levantó la vista hacia unos oscuros y profundos ojos. El hombre era alto e imponente, rondando los veintinueve años.

Sus rasgos eran definidos y perfectamente esculpidos: pómulos altos, nariz recta, mandíbula firme. Vestía un traje gris oscuro a medida que resaltaba sus hombros anchos y su figura estilizada.

Era Damon Summer.

—Cuidado —dijo. Su voz era grave y magnética, con un toque de auténtica preocupación.

Por un momento, Nyla se encontró a sí misma atrapada en su mirada.

De repente, Clark apareció a su lado, con el rostro enrojecido por los celos. Tomó bruscamente la mano de Nyla y la apartó de Damon.

—Gracias, tío —dijo Clark con sequedad. Su voz sonó tensa, a penas estaba controlando su ira.

Arrastró a Nyla hacia la entrada de la mansión. Antes de que pudieran avanzar más de un par de pasos, se inclinó hacia su oído.

—Nyla, sabes que no me gusta que te acerques demasiado a otros hombres —susurró con dureza—. Ni siquiera a mi tío.

Nyla casi se echó a reír ante la ironía. Ahí estaba Clark, que había estado con otra mujer justo la noche anterior, mostrándose posesivo porque ella hablara con su tío.

—¿Así que preferirías que tu esposa se cayera de bruces delante de la mansión de la familia Summer? —respondió con frialdad.

Clark se retractó de inmediato.

—Cariño, no quise decir eso. Solo no quiero que la gente se haga una idea equivocada.

Nyla lo ignoró y continuó caminando hacia la entrada.

La mansión de la familia Summer era imponente, con un gran vestíbulo y lámparas de araña de cristal. Pero Nyla no sentía ninguna alegría al estar allí.

En la sala de estar, la abuela de Clark, Marie, los llamó de inmediato con una sonrisa radiante:

—¡Nyla, Clark, ya llegaron! ¡Vengan a sentarse!

Nyla respiró hondo y forzó una sonrisa educada. Sin importar lo que sentía por Clark, seguía respetando a sus abuelos. Richard siempre la había tratado con amabilidad.

—Hola, abuelo. Hola, abuela —los saludó con calidez.

Los ojos de Marie brillaron al ver a la pareja acercarse. Llevaba años intentando convencer a Damon de que sentara cabeza.

—Vengan, siéntense aquí a mi lado. —Palmeó el sofá a su lado.

Cuando se acomodaron, Damon entró en la sala. La expresión de Marie cambió de inmediato a desaprobación.

—Mira a Clark —le dijo con énfasis a Damon—. Tiene su empresa funcionando perfectamente y su esposa es absolutamente hermosa. Pronto podrían darnos un bisnieto.

Su voz se volvió severa.

—¿Y tú? Estás a punto de cumplir treinta y sigues soltero. Si no traes una novia a la próxima reunión familiar, ¡ni te molestes en venir!

La mirada de Damon se desvió hacia Clark y luego se posó en Nyla. Sus labios se curvaron en una leve sonrisa.

—Sí —dijo en voz baja—. Es realmente hermosa.
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