POV de NINA
La mansión Vargas de noche era un laberinto de silencios rotos solo por el crujido de la madera y el latido de mi propio miedo. José se había marchado hacía horas para lidiar con el desplome de sus acciones, dejando tras de sí un rastro de furia y el aroma de su desesperación.
Eran las dos de la mañana. Me aseguré de que Mateo durmiera profundamente, arropado por la seguridad de mi presencia secreta, y salí al pasillo. Mi objetivo era el despacho privado de José en el ala norte, don