POV de NINA
El hierro de la verja de la mansión Vargas se abrió con un gemido metálico que resonó en mis huesos. Caminar por ese sendero de grava, el mismo que recorrí cinco años atrás con el corazón lleno de ilusiones rotas, se sentía como caminar hacia mi propia ejecución. Pero esta vez, mis pasos eran firmes. Mis manos no temblaban.
Llevaba un traje de chaqueta gris carbón, abotonado hasta el cuello. Mi cabello negro, corto y severo, enmarcaba un rostro que Hugo había ayudado a "apagar" con