POV de NINA
Caminé sin rumbo durante dos días. Mi cuerpo, acostumbrado a la inmovilidad del aislamiento, protestaba con cada paso. Mis manos, todavía con las uñas rotas por haber golpeado el metal del Silo, temblaban. Pero mi mente, esa que tanto se habían esforzado por borrar, estaba extrañamente clara. Demasiado clara.
Recordaba cada detalle de la última noche. El código en la pared. El sacrificio de Jose. Su voz, que en mi memoria se había convertido en un eco que me perseguía.
Corre, Nina.