POV de JOSE
A las seis de la mañana, la luz grisácea de Madrid empezó a filtrarse por los ventanales del ala este. Miré el techo. El monitor clínico a mi izquierda seguía emitiendo ese pitido rítmico, monótono, que me controlaba las pulsaciones. Sesenta y cinco por minuto. Una puta máquina dictando mi derecho a respirar bajo el techo de mi exesposa.
Giré la cabeza lentamente. La cama de satén blanco todavía conservaba la marca del peso de Nina de la noche anterior. El olor a su perfume de seda