POV de Rowan
Para cuando Kael y yo llegamos a las puertas del palacio, ya estaba sin aliento—no físicamente, sino mentalmente. Mi mente seguía atrapada en aquel bosque muerto, repitiendo una y otra vez cada cosa absurda que había visto. Kael flotando. El suelo derritiéndose. Esa voz saliendo de su boca que no era la suya.
Pero ahora la campana estaba sonando, y el pánico empujó cualquier otro pensamiento a un lado.
Excepto que, cuando entramos al patio… no había nada.
Absolutamente nada.
Los guardias no corrían. No gritaban órdenes ni formaban filas ni levantaban alarmas. Algunos caminaban con total calma, las lanzas apoyadas en los hombros como si fuera una tarde cualquiera. Uno incluso se reía mientras pasaba junto a otro.
Kael redujo el paso a mi lado, la confusión marcada en el rostro.
—¿Qué demonios…?
—Ni idea —murmuré.
Detuvimos a un guardia—alto, joven, con pecas y una expresión de alguien que ya estaba cansado de nosotros antes siquiera de hablar.
—¿Qué está pasando? —exigió K