CIARA
Ryan, como el gran imbécil que siempre había sido, no se había molestado en visitarnos desde hacía una semana, pero no me importa.
El único problema que tuve aquí fue que Herzl me había estado molestando para que llamara a su padre y le pidiera que pasara por allí.
Nunca llamaría a Ryan con mi teléfono y, por cierto, me alegro de que lo haya aprendido de la manera más difícil y se haya mantenido alejado de mí y de mi hijo.
Había tenido mucha paz mientras él no había venido, porque no verl