Todo lo que podía pensar era en cuánto necesitaba estar dentro de ella.
La urgencia de reclamar cada centímetro de su cuerpo—cada parte de ella—era casi insoportable. Quería poseerla por completo, cuerpo y alma. Pero la verdad…
Ya me pertenecía.
Estaba más allá de toda ayuda. Total y completamente jodido.
—Despacio, bebé —murmuré, tratando de mantener el control.
Justo entonces, mi celular empezó a sonar. Mierda. No había forma en el infierno de que fuera a contestar. Pero cuando el teléfono fi