Ya era hora

Punto de vista de Richard

El instinto me decía que mantuviera la cabeza fría y no entrara en pánico, pero era imposible.

—Reina, por favor, cálmate —le rogué, pasando mis manos alrededor de su cintura.

Se veía completamente alterada, y yo sabía de sobra que tenía motivos más que suficientes para ponerse así.

—No me digas que me calme. No lo hagas, Richard. Son mis hijos. Lo son absolutamente todo para mí, ¡así que no me pidas que me calme! —me gritó con desesperación.

—¿Hijos? ¿De qué estás hab
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