Una vez que estamos solos, un suspiro de alivio se me escapa, pero esa tranquilidad se ve ahuyentada cuando me doy cuenta de que ahora mismo estoy a merced del señor Baker, que apenas se escucha el sonido del ascensor cerrarse, aporrea las manos contra el escritorio con fuerza.
—Williams, responde a mi pregunta ¿Qué fue lo que te dije? — Espeta con firmeza y rudeza.
—Q-Que me quedara aquí a esperarlo porque tenía algo que discutir conmigo.
—Bien— Regara la espalda contra el respaldo de si asien