Sus miradas chocaron, y la tensión bélica se fue esparciendo por la oficina.
Samuel miró a Eduardo y dijo:
—Mi presencia debe haber disipado sus dudas. A partir de ahora haré lo que tengo que hacer, y espero que ninguno de ustedes dos se oponga.
Eduardo:
—No sé qué asuntos tiene que atender el señor Fonseca. Por ahora, el señor Alejandro no se encuentra. Si tiene algún asunto importante, le pido que espere al regreso del señor Alejandro.
Samuel esbozó una sonrisa cortés:
—Eduardo, nos hemos c