Después de hablar, Simona agarró la mano de Ximena con desesperación.
Ella suplicó:
—Xime, te lo ruego, por favor, no le digas esto a Mariano. Te lo ruego, ayúdame a ocultarlo. ¿Puedes acompañarme para abortar? No puedo permitir que este niño viva con este sufrimiento.
Ximena la miró con dolor,
—¿No crees que Mariano debería saber de esto?
—No, no puede ser, —Simona rechazó firmemente. —Xime, te lo suplico, por favor, no se lo digas. Por favor, no se lo digas.
—La verdad saldrá tarde o tempran