—¿Te gusta este lugar?
De repente, la voz de Alejandro resonó desde la escalera de caracol. Bajó lentamente, con un traje negro que parecía brillar ligeramente bajo la luz, y su innata elegancia aún irradiaba una presencia imponente.
Liliana miró fijamente a Alejandro, apenas logrando contener su emoción mientras susurraba: —¡Papá es como un príncipe de cuento de hadas!
Nicolás escuchó claramente y la miró sin palabras.
—¿Príncipe... de cuento de hadas?
Los ojos de Liliana brillaban con burbuja