Si el vehículo no fuera suficiente grande, habría sido realmente difícil acomodar a tantas personas. Ximena estaba a punto de preguntar cuando se escuchó otra voz desde la puerta.
—¡Espera, yo también quiero ir!— Renata apareció apresuradamente, y la doctora Cubillos la siguió persiguiéndola.
Al escuchar la voz, los Pérez se estremecieron al instante. Mario exclamó con miedo:
—¡Dios mío, ¿la loca también viene?!
Ángel tembló y dijo:
—¡Ya no quiero ir! ¡Quiero bajarme del auto!
Sin embargo, ant