Ximena estaba indecisa, con la mirada baja, y después de un largo rato de reflexión sintió que no podía hablar abiertamente. No debería usar a su madre y a su hijo como excusa para adelantar cualquier cantidad del contrato. Era su responsabilidad cuidar de su madre y decidir sobre su hijo. ¿Por qué debería pedirle dinero a alguien más? Además, no podía asegurarse de que Alejandro no empezara a sospechar.
Ximena inventó una excusa tonta: —Olvidé lo que iba a decir, lo diré al rato cuando me acue