Caminaron hacia el costado del coche, y Eduardo ayudó a abrir la puerta del coche. En el instante en que la puerta se abrió, Ximena sintió claramente un escalofrío aterrador que salió disparado desde el interior del vehículo. Mientras su corazón se hundía, las palabras rudas de Alejandro resonaron en sus oídos: —¡Entra!
Ximena tragó saliva con fuerza y nerviosismo, y se sentó temblorosa en el coche. Antes de que pudiera acomodarse, Alejandro alzó la mano y sujetó su mentón, obligándola a levant