Yaritza volvió en sí, giró la cabeza hacia David, y sus claros ojos se abrieron lentamente...
Sin embargo, David le preguntó con total tranquilidad: —¿Estás empapada? ¿Tienes frío?
Yaritza se quedó totalmente atónita durante unos segundos, sacudió ligeramente la cabeza y estaba a punto de devolverle el traje cuando él dijo: —El traje que compraste para mí, es natural que lo lleves puesto. Así que, vístete muy bien y no te resfríes.
Con esas dos frases, David bloqueó completamente lo que Yaritza