Ella destapó la botella con una sola mano.
—Teresa, ¡creo que no tienes idea de cuánto vales! ¿Qué tal si te despierto un poco? —Con esas palabras, Yaritza volcó la botella directamente sobre la cabeza de Teresa.
—¡Ah! —Teresa gritó agudamente.
El agua caía suavemente desde su cabeza, ¡arruinando totalmente su peinado y maquillaje! ¡La botella se vació por completo! Una sensación de frescura atravesó el corazón.
—Ahora, ¿sí, estás despierta?
—Tú… tú...
Teresa se sentó en el suelo, con una aparie