La cena de aquella noche estuvo marcada no solo por la alegría del reencuentro, sino también por el peso de las verdades finalmente reveladas
—Nunca me cayó bien ese hombre —confesó la señora Catarina, con amargura contenida—. Todavía me pregunto cómo Mariana pudo involucrarse con alguien así.
Natalia respiró hondo antes de responder, con la serenidad que había aprendido a la fuerza:
—Por desgracia, el corazón no siempre elige con sensatez a quién amar.
—Lo importante es que lo han pillado —dij