XXII

De tal palo, tal hastilla.

El mismo día por la tarde.

Amelia.

Me remuevo entre los brazos de mi hermana, siento mi cuerpo pesado. El precio de una noche de violencia y victoria. Intento quitar su brazo con suavidad, pero ella me estruja más contra su anatomía. Mi boca se curva en una sonrisa ladeada, le susurro unas cuantas cosas al oído y afloja su agarre.

Me estiro cuando quedo sentada en la orilla de la cama, hago una mueca de dolor y me levanto con Natasha gruñendo cosas que no logro escuchar porque me adentro al baño. Abro el grifo del agua fría, me quito el pijama que mi hermana me dio y me meto en la bañera. El agua gélida relaja mis músculos, me sumerjo con los ojos cerrados, siendo hipnotizada por la relajante sensación de tranquilidad. Nunca en mi vida había senti

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